Terapia de Familia y Pareja

La relación de pareja, especialmente si es armoniosa, tiene un claro valor protector y potenciador de la salud. Por el contrario, si la interacción es conflictiva y estresada, puede generar patologías, especialmente: trastornos de ansiedad, depresiones, recaídas psicóticas, adicciones, trastornos de conducta infantil, etc. La relación conflictiva no posibilita ni facilita la solución de diversos trastornos, como la obesidad, enuresis, etc. En los últimos años existe un aumento considerable de problemas relacionados con la pareja y la familia: crecimiento exponencial de separaciones y divorcios; casos cada vez más frecuentes de violencia de género y doméstica. Trastornos psicológicos, psicomáticos y de conducta derivados de una convivencia conflictiva. Fracaso escolar y otros problemas en la conducta de los hijos, etc.

La relación de pareja se puede explicar desde la perspectiva de los pensamientos de cada uno, de sus sentimientos y de la dinámica de su personalidad. La interacción entre ambos se define en términos de las necesidades individuales y, especialmente, en términos de mecanismos de proyección de relaciones familiares aprendidos en la infancia. Desde el comportamiento íntimo e interpersonal, los conflictos aparecen cuando alguno de los miembros, o los dos, perciben que no reciben las gratificaciones que esperan, produciéndose una sensación subjetiva de malestar y quejas. La escasez de intercambios positivos y el aumento de los negativos harán reducir el grado de atractivo que sentimos hacia la pareja.

Cada pareja es diferente y las gratificaciones o su ausencia, se dan en una amplia gama de situaciones: relaciones sexuales, conversaciones, educación y cuidado de los hijos, aspectos económicos, comidas, relación afectiva, pequeños detalles….

A lo largo del desarrollo de la relación de pareja, va cambiando el peso que se le da a cada uno de los aspectos que conforman la convivencia: En una primera etapa podrían primar aspectos sexuales, mientras que en etapas posteriores podrían primar aspectos afectivos. El valor que atribuimos a cada uno de estos aspectos, dependen en gran media de nuestros sentimientos subjetivos de felicidad o miseria. En las parejas conflictivas, uno valora más negativamente al otro, lo cual no tendría que significar necesariamente que las actuaciones del otro fuesen más negativas, sino que tal valoración ha venido determinada por la situación presente de conflicto. Es evidente que una tasa baja de intercambios mutuo gratificante producirá sensación de malestar entre los miembros de la pareja o al menos en la parte que así lo percibe. Por el contrario, la reciprocidad en intercambios positivos sería una característica básica de una pareja armoniosa.

Otro aspecto en el que se diferencias las parejas en conflicto de las armoniosas  es en su capacidad para resolver problemas y de llevar a cabo los cambios que uno desea producir en el otro. La diferencia estaría en la habilidad para resolver y afrontar los problemas de una manera eficaz, y con ello conseguir, y hacer que se lleven a cabo, soluciones que sean mutuamente asumibles y, de esta manera, producir cambios en el comportamiento propio y del otro. Las propuestas han de realizarse en el momento y en el tono adecuado, de lo contrario, el otro puede reaccionar de manera no receptiva e incluso agresiva.

La parejas armoniosas tienden a entremezclan acuerdos con propuestas de solución del problema. Además, exhiben una tasa significativamente más elevada de humor, risas, acuerdos, aprobación, asentimiento y soluciones positivas. Por el contrario, las parejas en conflicto expresan más desacuerdos, críticas y humillaciones, así como negación de la propia responsabilidad que se atribuye al otro.

Para explicar la relación de pareja se usa un símil de “cuenta bancaria”; la interacción diádica establece que uno de los miembros de la pareja hace una especie de inversión en la relación, presentando gratificaciones al otro. Cada uno tiende a hacer “balance” de estas inversiones cada cierto tiempo, de manera que el intercambio sea más o menos equitativo. La reciprocidad no debería entenderse como un intercambio puntual de agrado por agrado y desagrado por desagrado. De hecho, sería posible que, en un punto dado de los intercambios, uno recibiera un agrado a cambio de un desagrado y a la inversa. Por la tanto, la relación debe observarse en un amplio período de tiempo.

No hay que olvidar que existen diferencias en cuanto a la reactividad psicofisiológica entre el hombre y la mujer: El hombre demuestra cambios más amplios de actividad  autonómica (reacciones psicosomáticas) ante el estrés. Estos cambios se dan más fácilmente y tardan más en recuperarse que en las mujeres. Por este motivo, los hombres tienden a crear un clima “racional” dentro de sus relaciones y adoptarían patrones más conciliadores y menos generadores de conflicto, y si este se empezase, tenderían a retirarse antes que la mujer. La mujer, por el contrario actuaría de manera menos conciliadora y sería menos probable que se retirasen de situaciones provocadoras de afecto negativo, dado que, por su naturaleza, estarían mejor dotadas para sobrevivir en tale situaciones. En la práctica clínica de los problemas de pareja esto se plasmaría en las quejas tantas veces expresada por ella: “él evita hablar, se me escapa….” Y la complementaria por parte de él: “ella no busca más que peleas, está siempre metiendo cizaña….” Las emociones no suelen ser simétricas: normalmente, el enfado y la hostilidad en ella genera enfado y hostilidad en él. Pero el enfado en él genera miedo en ella. El miedo en ella genera…. más hostilidad y enfado en él.

Trastornos infantiles

La familia juega un papel importante en el desarrollo y mantenimiento de los problemas de conducta y de dependencia de los niños y de los adolescentes. El conflicto entre los padres lleva a alterar su práctica de disciplina, lo cual tiene como consecuencia que se generan problemas de conducta en los hijos; pueden hacer que el niño rechace el modelo paterno o bien se vea confundido en su conducta ante la falta de modelos no conflictivos en su familia, o incluso que el hijo imite las conductas hostiles o agresivas de sus padres.

Los padres en conflicto tienen un menor nivel de disponibilidad emocional o afectivo para con sus hijos, lo cual podría identificarse como una carencia importante para el desarrollo y adaptación de los hijos. Esto puede hacer que los padres incrementen las conductas de desaprobación y disminuyan las conductas de aprobación de los hijos..

El conflicto entre los padres puede generar un estado emocional negativo, que les haga estar especialmente atentos a las conductas negativas de los hijos, dejando pasar por alto las conductas positivas o deseables, generando así una potencial escalada de intercambios negativos entre padres e hijos.

Es evidente que la calidad de interacción entre los miembros de la pareja está relacionada con el mejor o peor funcionamiento de dicha pareja y con las pautas de interacción de la misma con sus hijos, lo que a su vez se relaciona con el  funcionamiento psicológico de estos últimos.

Proceso de intervención en conflictos de pareja

Las circunstancias de cada pareja son únicas y por lo tanto se habrán de analizar todas las variables que intervienen en el conflicto, las expectativas de cada uno de los miembros de la pareja a la hora de iniciar el primer contacto con el psicoterapéuta, así como las razones aducidas y los motivos implícitos que parecen subyacer en estas demandas.

Primera entrevista

Puede ser con uno o con los dos miembros de la pareja, es deseable esta última situación, sin embargo, frecuentemente la primera entrevista es solicitada por uno de los miembros, por lo general la mujer. En esta entrevista se analizarán las circunstancias, las expectativas. Se aclararán los objetivos previos y se establecerán las reglas de la relación terapéutica.

Los campos de análisis, de forma general, serán: Dificultades presentes; Historia de la relación de pareja, prestando especial atención a las primeras señales de problemas y las habilidades de resolución de problemas. Posibles situaciones de violencia. Vida sexual. Aspectos de personalidad. Al finalizar la entrevista, se crearás expectativas positivas, en el caso de existir base sólida para ello y se establecerán los objetivos así como el plan terapéutico.

Si se considera necesario, se cumplimentarán cuestionarios que ayuden a tener una evaluación más objetiva de la situación problema. Por lo general, las dimensiones a analizar, serán: dominio, afecto, sexualidad, claridad de la comunicación, intercambio informacional, conflicto,  hijos, apoyos externos a la pareja, etc.

También se valorarán los problemas psicosomáticos que presentan cada uno de los miembros de la pareja y se propondrán las intervenciones más convenientes para su tratamiento.

Entrevistas posteriores

Según la situación, se mantendrán entrevistas en pareja e individuales. Se irán analizando sucesivamente temas relacionados con la separación, si procede, estilos de vida, infancia y evolución de cada uno de los miembros de la pareja, desarrollo social, aspectos individuales propios y de la pareja, etc.

Ante todo, se tratará de crear un atmosfera positiva que sirva como marco de referencia y como escenario para provocar cambios más profundos

En esta fase, se aplicarán las técnicas individuales previstas para coadyuvar a resolver los problemas individuales, de pareja o de familia. Se enseñarán estrategias para aumentar y potenciar el intercambio positivo. Se trabajarán el reconocimiento de situaciones y  las habilidades para el manejo de momentos de hostilidad inesperada y mal humor. Entrenamiento para la modificación del estilo comunicacional

Finalización de la terapia

Después de un programa de intervención terapéutico los miembros de la pareja, o al menos, la parte que se haya implicado en la terapia, deberá de haber adquirido las habilidades necesarias y estar en disposición de afrontar con probabilidad de éxito los problemas relacionados con la situación de pareja y desenvolverse, tanto personal como socialmente de manera adecuada y gratificante, o al menos no traumática.

En el caso de que la separación sea un hecho, se trabajará desde el modelo mediacional, con el fin de reducir lo más posible, el daño, tanto para los miembros de la pareja como para los hijos, pudiendo trabajarse la situación conjuntamente con un abogado, experto en resolución de conflictos de pareja.

Periódicamente se realizaran sesiones de seguimiento para analizar la evolución personal y familiar, así como introducir nuevas estrategias ante la aparición de situaciones que lo requieran.

 

El Informe Psicológico en Separaciones Familiares: Cuestiones Éticas

Mª José Catalán Frías
Juzgado de Familia de Murcia. Vocal de Psicología Jurídica de la Delegación de Murcia
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